De Honduras pa'l mundo

Crecí en el campo, en Honduras. Una niñez humilde — sin los lujos que ves en Estados Unidos — pero llena de amor, y gracias a Dios nunca faltó qué comer. Mi mamá ya se había ido a Estados Unidos a abrirnos camino, así que mi abuela se volvió mi segunda mamá, y mis primos, mis hermanos. Monté mi primer caballo a los seis años. Para mí, eso era lo normal. No cambiaría esa niñez por ninguna.

En la finca teníamos un televisor chiquito conectado a una batería. Una hora de tele por noche — y yo esperando los videos musicales.

Ahí empezó esto. Viendo a Daddy Yankee en esa pantallita, en medio del campo. A los diez años me paré frente a un público por primera vez, en la escuela, a cantar "La Camisa Negra" — aterrorizado por los nervios. La canté igual. Así he hecho todo desde entonces: con miedo y todo, pero lo hago.

Salir de Honduras fue lo más doloroso que he hecho. Dejar a mi abuela… eso me dolió y me duele. Llegué a una vida completamente nueva y mucho más fría: allá yo vivía rodeado de primos, tíos, abuelos — acá éramos mi hermanito y yo, y ya. Todo cambió, como yo sabía que iba a pasar. Lo que no sabía era todo lo que iba a tener que aprender solo.

Las computadoras me llamaban desde chiquito. Al terminar high school ya arreglaba las de medio mundo, y terminé trabajando en tecnología. Y ahí encontré la manera: cada hora de ese trabajo pagó el estudio, las herramientas, las lecciones para aprender a grabarme. Nadie me regaló nada. Esta música me la he financiado yo mismo, hora por hora.

Mi identidad estaba partida en dos: "AB", el que trabaja. Y "Lyonary", el que crea.

Por años cargué los dos nombres. Hoy elijo al artista — por eso ya no soy AB Lyonary. Soy Lyonary. El león siempre fue la parte real: siempre luchando, siempre buscando la salida, mirando pa'rriba aunque esté abajo. No busco la fama. Busco vivir de crear — pararme en un estudio o frente a una cámara y hacer realidad una idea que solo existe en mi cabeza.

Y si estás en Honduras — o donde sea — soñando con lo mismo, te digo lo que me costó años aprender: cree en ti más de lo que piensas que puedes creer. Apuesta por ti al cien. Yo aposté primero por otros, y eso me cobró tiempo. Apostá por vos primero. Después ayudás a los demás.

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